DIFERENCIAS ENTRE UN JUGADOR SIN FORMACIÓN EN ENTRENAMIENTO MENTAL Y OTRO QUE SÍ LA TIENE

 

 

Observa lo que conseguirías si inicias el Entrenamiento Mental

 

El golf es un deporte complejo. El rendimiento de cada jugador tiene que ser óptimo cada vez que sale al campo a jugar, ya sea en un recorrido de entrenamiento o en un campeonato.  

 

Un jugador no puede controlar los aspectos externos del ambiente en el que se desarrolla el juego.

Estos pueden ser las condiciones meteorológicas, el estado del campo, la compañía de otros jugadores, la mala ejecución de algunos golpes y los problemas que lleve en la cabeza, que pueden no tener nada que ver con el golf.  

Lo único que puede controlar es su habilidad en el juego, fruto del entrenamiento técnico y de su estrategia a la hora de acometer cada hoyo.  

Para hacer frente a tantas variables, que no dependen del jugador, es por lo que necesita el entrenamiento mental.

El entrenamiento mental nos aporta las habilidades y recursos necesarios para solucionar las dificultades que nos encontremos.  

A continuación me valdré de una historia ficticia para exponer algunos de los problemas por los que atraviesa un jugador que no conoce el entrenamiento mental y cuáles son los primeros efectos cuando inicia su práctica.  

Si algunas de las dificultades por las que atraviesa nuestro jugador son las tuyas, es momento de que consideres la posibilidad de iniciar dicho entrenamiento.  

 

RECORRIDO DE UN JUGADOR SIN FORMACIÓN EN ENTRENAMIENTO MENTAL

 

Dentro de media hora tiene que jugar un torneo en el club donde entrena como amateur.

Sale de casa corriendo, sube al coche y conduce deprisa al campo, llega 5’ antes de que comience su actuación, coge la bolsa de los palos dirigiéndose al tee del 1.

Allí le esperan sus compañeros.

Golpea la primera bola deprisa, sin pensar muy bien dónde la quiere mandar ni lo que quiere conseguir en ese hoyo.

Muchas veces sueña que juega bien, que la gente le aplaude, que baja del par del campo con regularidad, pero rápidamente la realidad se encarga de ponerle en su sitio.

Está en dificultades… su bola ha caído dentro de un pequeño bosque y no tiene salida hacia delante por lo que no le queda otra opción que sacarla a la calle.

Maldice y se recrimina…¿Por qué no utilizaría el hierro en lugar del driver? ¿Es que nunca va a aprender?.

Este golpe le trastorna, pierde la concentración si es que alguna vez la tuvo, está crispado, en cambio, sus compañeros están haciendo un recorrido sin errores y él la manda al rought cada dos por tres ¡Qué desastre!.

Continua así deseando que llegue el final, sin ninguna sensación agradable  ¿Por qué juega a este maldito deporte si ningún día sale contento? ¡Tiene que haber otra forma de jugar!.

Sabe que los mejores jugadores pasaron por sus problemas y ahora los han superado, a él también le gustaría, pero le parece imposible.

Finaliza el recorrido. ¡Por fin se acabó el sufrimiento!.

Se encamina a los vestuarios y allí ve el anuncio de un curso de entrenamiento mental. ¿Será posible tanta coincidencia? ¿Le servirá? ¿Podrá cambiar sus sensaciones?, ¿Podrá volver algún día contento a casa?.

Se dirige al mostrador y pregunta a la secretaria….

 

DOS MESES DESPUÉS...

 

Nuestro jugador parece otra persona, ahora sabe muchas cosas que antes desconocía. Hizo un curso de 4 sesiones a lo largo de un mes en el que cada semana recibía formación durante dos horas. El resto de la semana se dedicaba a practicar los ejercicios que había aprendido.

 Ahora comprendía mucho mejor cómo se generaban sus estados de ánimo, su handicap iba mejorando poco a poco, pero en lo que sí había mejorado era en cómo se encontraba jugando y cómo se sentía al dejar el campo de golf para volver a su casa.

Hoy precisamente tiene un torneo en su club.

Como es por la tarde, empieza a prepararse con antelación. Sabe que tiene que ocuparse de algunos asuntos antes de salir a jugar.

Después de comer realiza un ejercicio de relajación durante 20’. 

Este ejercicio elimina de su cuerpo el cansancio que pudiera tener y le permite darse algunas sugestiones acerca de cómo se va a sentir en el torneo.

Llega con una hora de antelación y calienta tranquilamente, estira todos los grupos musculares que intervienen en el golpeo de la bola y se encamina al campo de prácticas donde pone a punto sus golpes largos y cortos.

Ya está preparado. Se acerca al tee del hoyo 1.

Es su turno… entra en un estado mental que ya tiene automatizado, le gusta mucho porque es una mezcla de confianza, excitación y disfrute.

Arropado con ese estado realiza su rutina pregolpe, se coloca detrás de la bola y elige el lugar donde quiere que aterrice la bola, incluso ve el vuelo de la bola.

Cada vez es más capaz de golpear la bola de tal forma que reproduzca ese vuelo.  

 Golpea la bola… ¡Bien!. La bola se dirige recta al lugar donde él quería.

Se quedó un par de segundos recreándose en la sensación agradable que le invadió y decidió incorporársela a su almacén de buenas sensaciones.

En él, mediante técnicas de anclajes, iba acumulando todas las buenas sensaciones que experimentaba en cada recorrido. Se llevó la mano izquierda al centro del pecho, en mitad del esternón, y la mantuvo con una firme presión mientras sentía la sensación.

 “Eso es un anclaje cinestésico”- le diría su entrenador mental.

Se dirigió a su bolsa y emprendió con paso rápido el camino que le llevaría a su bola.

Los demás ya estaban caminando, él optó por hacer el recorrido en silencio mental, sólo veía el cielo, los árboles, los colores, oía la brisa, los pájaros, sentía sus piernas al caminar, sus pies dentro del calzado, su ropa, el contacto con la bolsa, notaba la brisa sobre su rostro,  el calor del aire..., no pensaba.  

Ya estaba al lado de su bola, esperó su turno. Siguió en silencio mental mirando el campo sin cuestionarse nada, sólo veía, oía y sentía.

 Le tocaba, con la ayuda de su ancla volvió a meterse en su estado especial para antes de golpear la bola. Era como un túnel, no podía entrar nada en él.

Si el estado era limpio, no entraban ni la duda, ni los juicios, ni las malas sensaciones. Usó su ancla y su cuerpo adoptó una postura característica, su respiración cambió, sus ojos se entrecerraron ligeramente y su concentración fue total. Realizó a continuación la rutina pregolpe, iría a green cerca de la bandera, quería hacer un birdie en este par 4, sabía la distancia exacta y el hierro que tenía que utilizar.

Golpeó la bola que se quedó a dos metros de la bandera, un buen golpe que le trajo otra buena sensación, mecánicamente la incorporó también a su almacén y recogió la bolsa, optó por seguir andando en silencio mental, disfrutó con el pequeño paseo hasta la bola.

Su turno llegó. Para los putts tenía otro estado automatizado con un ancla, era una mezcla de confianza, calma y control sujección, para que la bola no se pasara más de un metro. Este estado lo había escogido después de analizar conscientemente uno de esos escasos días mágicos en los que había pateado increíblemente bien.

Con su entrenador mental habían descubierto todas las distinciones de aquel estado maravilloso, él las llamaba submodalidades, y lo incorporó a su rutina para golpear en los greens.

Golpeó la bola y …… adentro, sintió la satisfacción y la incorporó a su almacén.  

Poco a poco fue avanzando el torneo, pasó por dificultades en varios hoyos, notó el comienzo de un enfado al contemplar el comportamiento ruidoso de unos espectadores, suspendió el dialogo interior. En otro momento su bola se metió entre unos árboles, percibió cómo su diálogo interno se volvía preocupado y empezaba a traerle sensaciones, que sabía, que le perjudicarían así que llenó su mente con diálogo interno positivo y motivador durante un par de golpes más. Hizo un bogey al hacerle la corbata un putt de metro y medio, la decepción apareció, con una mano hizo el gesto de colocar las imágenes y las sensaciones detrás de él donde no pudieran molestarle y así dejó de prestarle atención al bogey.

La confirmación de que ya no le afectaba el error anterior la obtuvo en el siguiente hoyo en el que realizó un birdie.

Tuvo que echar mano del almacén de buenas sensaciones en alguna ocasión en que sus golpes no fueron especialmente buenos.

En otros momentos, al sentirse nervioso,  revisó su fisiología , que era el resultado de su postura, su respiración y su tono muscular y se dio cuenta que había acelerado sus movimientos siguiendo las indicaciones de un juez que les hizo apresurarse.

En los últimos hoyos se dio cuenta de que estaba realizando un magnífico recorrido y que podía ganar, su mente empezó a especular. Observó estos pensamientos sin dejarse llevar por ellos ni censurarlos, se limitó  a dejarlos pasar  y a ver, oír y sentir sin que en su interior hubiera dialogo interno, activó el ancla especial para esos momentos de tensión.

El estado en el que se metió era de calma combinado con la comprensión de que no tenía importancia el resultado sino la sensación. Este estado eliminaba toda la presión.

Tuvo que sumergirse en ese estado varias veces en los últimos hoyos, sobre todo al patear.

Nuestro jugador acabó cansado y contento, se dio cuenta de que la mejora en su juego vendría como consecuencia del entrenamiento combinado de los apartados físico, técnico, estratégico y mental, sólo que ahora ya los entrenaba todos.

Después de charlar con sus compañeros metió la bolsa en el coche y se fue a casa, mañana tenía que entrenar...  

 

UN AÑO DESPUÉS...

 

Ahí está nuestro jugador en el campo, en este año transcurrido, desde que empezó el entrenamiento mental, ha cambiado mucho, como persona y como jugador.

Realizó otro curso para ampliar los conocimientos que poseía. Le impactó el análisis en la formulación de objetivos que aprendió.

 Este conocimiento le permitió, por primera vez, trazarse objetivos importantes y que sin embargo los percibía a su alcance. Aprendió a equilibrarlos en las diversas áreas de su vida y a hacer una revisión de su ecología para detectar si el perseguir algunos objetivos podía ser perjudicial para él o sus seres queridos.

Empezó a anotarlos y a revisarlos semanalmente, los modificaba cuando lo creía necesario acortando o alargando los plazos de ejecución. Ahora era capaz de identificar los objetivos intermedios a conseguir y que le daban una información muy clara de sus avances. Gracias a esta planificación fue consciente de que quería dedicarse profesionalmente al golf, se trazó los objetivos parciales hasta llegar al momento en el que daría el paso a la profesionalidad.

Empezó a entrenar muy duro y de una forma constante y planificada, no dejó nada al azar, se preparaba físicamente, entrenaba la técnica con todos los palos y se valía de los medios tecnológicos que le proporcionaba su club analizando su swing con ordenador. Analizaba la eficacia de sus estrategias de juego y cada día incorporaba los ejercicios mentales para automatizarlos y dominarlos a fondo.  

Aprendió muchas técnicas.

El control de su fisiología le produjo resultados increíbles para cambiar estados poco propicios.

Comprender cómo se generaban los estados de ánimo y cuáles son las partes que los configuran le permitió buscar las formas más rápidas de cambiarlos.

En su progresión aparecieron problemas cuando algunas creencias, que no le beneficiaban, aparecieron

Se dio cuenta que las creencias nos dan la medida de nuestro mundo y de lo que podemos hacer o no. Cambiar algunas hace que nos planteemos retos que ni por asomo hubiéramos abordado con las antiguas creencias.

Acababa con magníficas sensaciones cada recorrido.

El trabajo con las secuencias  de estados le permitió salir de muchas situaciones problemáticas al conocer cómo los estados se suceden uno tras otro en lo que podríamos definir como una secuencia única que abarcaría toda nuestra vida.

Él mismo, se había dado cuenta que sus cambios bruscos de humor ahora no se producían.

Lo que él más valoraba, en estos momentos, es el grado de comprensión que ha adquirido en el control de su mente. Antes su control era como una hoja llevada por el aire en cualquier dirección. Ahora, se daba cuenta de que su carácter era muy estable y que el estado general en el que se mantenía la mayor parte del día era mucho más agradable y placentero que antes.

Percibía claramente las posibilidades del trabajo mental que estaba realizando y que producía una mejora evidente en las demás áreas de entrenamiento.

 

Tomás Guijarro